La raqueta no tiene edad

La raqueta no tiene edad

Ex tenistas de alto nivel, se resisten a dejar la pista.

Ex jugadores de alto nivel en su día o humildes aficionados (los más), no dejan que la edad les retire del tenis, un deporte que entre otras cosas les permite mantener el espíritu competitivo, una fecunda vida social y estar en forma.

A sus 47 años, John Mc Enroe, que nunca jugó en Barcelona un torneo oficial, lo ha hecho estos días junto a otras viejas glorias como Sergi Bruguera, Carles Costa, Emilio Sánchez Vicario, Andrés Gómez o Richard Krajicek en el Tour of Champions de la ATP, que precede el Open Seat-Trofeo Conde de Godó. Séniors para las federaciones internacional y catalana –la que cuenta con más licencias y clubs de España–y veteranos para la española, todos tienen dos cosas en común: una gran pasión por el deporte de la raqueta y más de 35 años; algunos, muchos más.Con pocas excepciones, esa edad coincide con el abandono de la competición de elite y con el momento en el que otros que lo habían dejado –da igual el nivel que tuvieran– vuelven a él.

En España, los veteranos o séniors con licencia son 33.000 y cambian de grupo de edad cada cinco años, aunque los que no tienen licencia son más. Nada les priva de algo que forma parte de su vida y sobre lo que muchas veces gira su tiempo de ocio y su vida social. La casualidad y haber jugado hasta entonces a tenis fue lo que hizo que Josep Maria Gisbert, barcelonés de 60 años que en su día fue suplente del equipo español de la Copa Davis, regresara a la cancha: “Tenía alrededor de 40 años y muchos amigos en el Real Club de Polo de Barcelona.

Un día me dijeron: ‘Venga, juega…’. Y así comencé con el equipo del club”. Era el reencuentro con el tenis de un hombre que empezó en este deporte de niño y que jugó a gran nivel entre los 17 y los 23 años, edad a la que cambió la raqueta por un trabajo. Si la casualidad de hizo volver, Gisbert no llegó al tenis por arte de magia.Ser miembro de una familia cuyos progenitores se conocieron con la raqueta en la mano y tener un hermano que jugó junto a Santana la Davis contra Australia le marcó el camino.“Mi hermano y yo empezamos a jugaren el Real Club de Tenis Barcelona,donde contamos con entrenadores como Andrés Gimeno”.Echarlo de menos “Echar de menos el tenis” fue lo que movió a Carmen Perea, nacida en Melilla hace 54 años, a regresar al tenis a los 42.

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Fue número uno de España durante diez años, entre 1972 y 1984, y campeona del Trofeo Conde de Godó. Hasta los 35, su relación con la cancha había sido como jugadora de primer nivel, luego como entrenadora, aunque todo empezó antes: “De niña me gustaba mucho el deporte, quizá influenciada por mi padre, que era futbolista,y por mi madre, que jugaba al hockey”.Ya en Málaga, entrenando con la mujer de Lew Hoad, jugador que da nombre al famoso club malagueño,empezó a practicar un poco más en serio con el tenis.

“A los 18 años, Mercedes Solsona me vio jugar y advirtió en mí posibilidades de alcanzar un gran nivel. Así que dejé el pre universitario y me vine a Barcelona”. Tres años después lograba el Campeonato de España y pronto alcanzaba el primer lugar del tenis femenino español.Disfrutar del tenis y del placer de competir es lo que mueve a jugar a Francisco Llodra, que normalmente lo hace en el club El Candado, de Málaga,y que se ha convertido en un destacado sénior. Ha ganado el Campeonato de España +60, en el 2004, y ha alcanzado el puesto 26 en el ranking mundial.Aunque ha sido campeón de España en otras categorías y en su día un jugador destacado que ganó torneos de prestigio, como el de Cambridge, Llodra nunca alcanzó el nivel profesional de Josep Maria Gisbert o Carmen Perea: “Llegué a estar en el número cinco del primer grupo de segunda.Pero, aparte de jugar, llevaba la representación de una empresa de material deportivo, algo que me hacía viajar mucho y que yo aprovechaba para jugar torneos”. Su explosión como jugador llegó con su llegada al tenis veterano. Su trayectoria le ha llevado a conocer muy bien una categoría dura y exigente, a la que muchos llegan algo tarde, mientras que otros lo que hacen es, sencillamente,continuar como séniors lo que ya estaban haciendo como amateurs o profesionales.

Sin embargo, el cambio no es fácil para algunos: “Después de haber estado en la cima a algunos les cuesta mucho empezar a perder y lo dejan”. En ello puede influir tanto la alta competitividad de esta categoría como el hecho de que muchos séniors no han sido triturados por duros años de entrenamientos y partidos en la elite ni tienen la presión psicológica que la aureola de famosos les otorga a algunos.Destacar en el tenis sénior exige una buena preparación que lleva a muchos tenistas a practicar jogging todos los días, a hacer tablas de gimnasia y también a cuidar la alimentación.Lo que a Llodra, en competición,le supone desayunar temprano, incluir plátanos en su dieta y no abusar de las bebidas isotónicas.

Vivir en Málaga, en una comunidad donde hay muy pocos veteranos, le dificulta encontrar adversarios para competir deforma habitual, aunque él no es muy metódico y enfoca su preparación de cara a los torneos.Algo parecido sucede con Josep Maria Gisbert y Carmen Perea, quizá porque han tenido un gran nivel y han podido conservar su forma. “Lo que hago –explica Gisbert– es preparar de forma específica los torneos, jugando con gente más joven que yo un par o tres veces por semana y corriendo,claro. Si no corres no haces nada”.Algo a lo que Perea también se limita,salvo que tenga previsto un compromiso de altura, lo que le puede llevar cinco o seis meses de entrenamiento exclusivo: “El año que viene cumplo 55, será mi primer año en esa categoría y quiero ir al Campeonato del Mundo. Y para ello debo ir en buena forma”.Son precisamente las lesiones, que a partir de ciertas edades pueden exigir hasta el triple de tiempo para curar,lo que hace del tenis veterano un deporte más duro de lo que, en principio,podría parecer. El estado de las pistas tampoco ayuda, como señala Llodra: “Te ves jugando en superficies de hierba, donde si te caes rebotas,pero también en suelos de piedra pómez, más duros y a los que el calor hace alcanzar temperaturas muy elevadas”.
A ello hay que sumar la propia dinámica de algunos torneos de nivel mundial, donde los primeros de cada país y de cada categoría juegan entre ellos cada día, algo que, en el tenis profesional y en un torneo como la Copa Davis, equivaldría a jugarla toda de un tirón.Todo ello hace que quien no esté muy preparado y le dedique muchas horas al tenis no alcance un buen nivel.Aunque, al margen de la preparación,también se dan sucesos que, no por ser poco frecuentes, dejan de ser desagradables: “El año pasado, en Birmingham,en la pista de al lado había un jugador de 80 años. De pronto vi que se cae al suelo. Como antes habíamos estado desayunando juntos y charlando, me acerqué a ver qué pasaba,y lo que sucedió es que había muerto.

Fue imposible reanimarlo”,explica el veterano malagueño.Además de competir, algo que tanto para Gisbert como para Perea y Llodraes muy importante, sobre todo porque lo han hecho casi toda la vida y porque se trata de un deporte individual,el tenis sénior aporta a los jugadores una intensa vida social. Algo que a los profesionales de elite les es imposible compatibilizar con la alta competición. Ello viene propiciado por disfrutar de entornos agradables y a menudo exclusivos en los que los jugadores aprovechan para recordar viejos tiempos: hablar de premios casino tiene sentido en una categoría que, a pesar de mover bastante dinero,rara vez se premia con dinero en efectivo y casi nunca con cantidades que excedan los 600 euros. Aunque en el caso de los tenistas más destacados,el primero y el segundo sí cuentan con viajes pagados por sus federaciones y con alguna ayuda para dietas y estancia. Distinto es el caso de los regalos que suelen aportar patrocinadores o marcas comerciales, a menudo material deportivo.

Hasta los 90 en las pistas Haber encontrado a lo largo de sus carreras como veteranos a jugadores demás de 60 años “que sacaban y voleaban”,como explica Llodra, haber visto a tenistas de 85 y más años jugando a buen ritmo o que la madre del propio Gisbert lo haya hecho hasta los 90,no deja de ser un acicate para estos esforzados de la raqueta que, habiendo brillado –o no– en su día, piden más interés de los medios de comunicación para el tenis sénior. Una categoría que, teniendo en cuenta la proyección que ha alcanzado en los últimos años en Europa, Estados Unidos e incluso Catalunya, sede del próximo campeonato de España el próximo mes de junio, parece estar llena de futuro.

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