Los pívots estuvieron en peligro de extinción.

Los pívots estuvieron en peligro de extinción.

El baloncesto se queda sin pívots. Sin pívots de calidad, se entiende. Esos jugadores dominantes que hacen grande a un equipo. Basta echar una ojeada a la NBA, punto de reunión de lo más selecto del baloncesto mundial, para comprobar que en poco tiempo la situación ha dado un vuelco absoluto.
En las cuatro temporadas que vande 1992 a 1996 hubo siempre cuatro o cinco pívots entre los diez máximos anotadores de la liga. En dos de ellas eran pívots los tres primeros.

En las tres últimas temporadas, en cambio, Shaquille O’Neal (Los Angeles Lakers) es el único pívot presente en la lista. En la actual, lo mismo. Pero ya no entre los tres primeros, como en las anteriores, sino en la cuarta posición de momento, con 26,0 puntos por partido. El que le sigue ,Jermaine O’Neal (18,3 puntos y ninguna relación de parentesco con el anterior), no aparece hasta el puesto 33. Este último puede presumir de ser el único pívot que es el máximo anotador de su equipo. Y de hecho no es un verdadero pívot.

Hasta hace pocos años era una verdad universalmente aceptada que en la NBA había cinco grandes pívots, claramente por encima del resto: Pat Ewing, Alonzo Mourning, Hakeem Olajuwon, David Robinsony Shaquille O’Neal.
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Los tres últimos citados de tan selecto grupo coparon las tres primeras plazas de anotadores de la NBA en 1994 y 1995. Todos ellos siguen en activo, pero sólo O’Neal se mantiene en primerísimo plano, al que lucha por volver Mourning, que últimamente parece ir superando los graves problemas de riñón que el año pasado amenazaron con acabar con su carrera. Ewing y Olajuwon son suplentes y Robinson juega cada vez menos minutos importantes. ¿Quiénes han de relevarles? Jermaine O’Neal, el jugador más joven de la historia de la NBA (debutó, en diciembre de 1996, a los 18 años, 1 mes y 22 días), es quien mejor ha evolucionado de los jugadores interiores, término éste más apropiado en su caso que el de pívot, pues se trata de uno de los muchísimos ala pívot (Marcus Camby, DaleDavis, Cliff Robinson, LorenzenWright…) que han de jugar de 5 por la falta de verdaderos especialistas con un mínimo de calidad. Su propio club, Indiana Pacers, no oculta el interés por fichar a un auténtico pívot.
El problema es que no los hay. El mejor equipo del mundo, Los Angeles Lakers, sólo tiene uno. El mejor, pero sólo uno. Si falta Shaquille O’Neal, como ahora con su suspensión por tres partidos,su puesto lo ha de ocupar un alero de 2,05 m: Samaki Walker o Mark Madsen. La escasez de “centers” provoca auténticas barbaridades en un mercado en que, con 29 equipos, es enorme el desequilibrio entre la oferta y la demanda, sin que el creciente trasvase de jugadores europeos pueda llenar el vacío.

Lo escandaloso no es que Shaquille O’Neal gane casi 4.000 millones de pesetas al año o Alonzo Mourning 3.500. Sí lo es que el lituano Ilgauskas, cuyos tobillos de cristal sólo le han permitido jugar 135 partidos en seis temporadas, se lleve 13.000 millones por los seis años de su contrato actual. O que los 4 puntos y 5 rebotes por partido de Ostertag cuesten1.300 millones. O los 650 millones de los 2 puntitos de Ervin Johnson. La lista adjunta está llena de jugadores mediocres pagados a precio de estrella. A este paso, los equipos de esta parte del Atlántico van a tener que olvidarse de los pívots.

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